domingo, 18 de mayo de 2014

Aquel terrible primer diagnóstico

Entré en este túnel hará un año y medio, en diciembre del año 2012. Desde un tiempo atrás, venía adelgazando muchísimo peso (llegué a perder quince kilos) sin hacer ningún tipo de régimen. Además, siempre tenía calor y cuando hacía deporte notaba que mi corazón iba demasiado acelerado. Por consejo del médico me hice unos análisis de sangre, y todavía recuerdo cuando fui a ver los resultados y me dijo: “Eres hipertiroideo”.

En aquel momento, yo jamás había escuchado hablar de este tipo de enfermedad, y de hecho, en aquel momento tampoco me supuso ningún gran problema.  Por fin había entendido todos los cambios que mi cuerpo había ido sufriendo  en los últimos meses y tomándome 5 pastillas al día todo volvería a la normalidad en unos meses. Sin embargo, a los quince días de que me diagnosticasen la enfermedad una mañana, cuando me desperté, tenía el ojo izquierdo lloroso, y al mirarme al espejo vi que el párpado superior estaba un poco alzado, y entendí que iba a ser víctima de esa “posible complicación rara del hipertiroidismo llamada exoftalmos”.

España es un país tercermundista en lo que se refiere al diagnóstico y tratamiento de esta enfermedad ocular, y mi caso no fue una excepción. Mi endocrina se negó a tratarme con prenidsona ya que “vamos a esperar a ver si se va solo”. Yo, que en aquel momento todo lo que sabía de la enfermedad era resultado de una búsqueda rápida en Google, estuve de acuerdo con ella.

Los primeros seis meses fueron bastante llevaderos. Pese a que mi ojo izquierdo iba progresivamente a peor (el párpado más abierto y la órbita empezando a salir hacia fuera), yo era optimista, confiaba en que “en las próximas semanas volverá a la normalidad”. Además, había dejado de ponerme lentillas y en aquel momento a través de las gafas apenas se notaba la diferencia entre el ojo izquierdo y el derecho, que nunca ha manifestado ningún tipo de obertura. Decidí confiar en mi endocrina. Decidí esperar.

 Y ese fue el gran error. Y únicamente lo descubrí cuando fui a pedir una segunda opinión visitando a un oftalmólogo, pero de eso ya hablaremos en la próxima entrada. 

Quiero remarcar que desde el inicio de la enfermedad tiroidea, cuando uno o ambos ojos registre el más mínimo cambio, ES VITAL acudir a la consulta de un oftalmólogo con experiencia en la oftalmopatía tiroidea. En este país existe un gran desconocimiento general sobre esta enfermedad, y un diagnóstico certero a tiempo puede ahorrar meses de sufrimiento e incluso una futura operación. Cuanto antes se empiece a tratar esta enfermedad, más posibilidades de recuperación habrá.

No hay comentarios:

Publicar un comentario